miércoles, 2 de noviembre de 2016

CON NUESTRO PERÙ Y EL COLECTIVO SUICIDAS SUB 21

 
 
 

suicidas sub21A propósito de la presentación de la Antología Poética Suicidas Sub 21, compilada por Raúl Allaín, realizada el 30 de octubre del 2012 en la Casa de la Literatura Peruana (CASLIT), y en donde el joven poeta Esteban Poole Fuller fue el encargado de leer un manifiesto sobre la conciencia de la juventud actual.

Rescato este documento por considerarlo de interés reflexivo para las nuevas generaciones. Es la reserva moral que este pueblo necesita.

Humberto Pinedo Mendoza


 EL COLECTIVO SUICIDAS, LOS GRUPOS Y LAS GENERACIONES EN LAS LETRAS 

            Generaciones y grupos. Estas son dos etiquetas con las que se agrupa a creadores e intelectuales de tendencias similares, estén o no estén ellos cohesionados. En general la primera clasificación se refiere más a los autores que han nacido y han realizado su obra en un mismo periodo histórico, compartiendo un cierto estilo, estética y temas. Los grupos implican un mayor grado de vinculación entre sus integrantes, artistas y escritores con intereses comunes, que se expresan a través de actividades comunes como publicaciones, conferencias e intervenciones públicas, llegando a veces a también frecuentar los mismos círculos sociales. Puede afirmarse que la generación sería el género, aunque suene redundante, y los grupos la especie, dado que éstos se desarrollan en un tiempo determinado y, habitualmente, entre personas de edades similares.
            L
a genealogía de ambos conceptos puede remontarse al Romanticismo. Dicha corriente literaria y artística constituyó un verdadero fenómeno cultural a inicios del siglo XIX, al proponer, como nunca antes, un espíritu individualista, y un sentimiento generacional y de ruptura que generaba una identidad común entre sus integrantes. Se afirmaba por primera vez el carácter del artista en sus diversas manifestaciones como creador y vehículo de una sensibilidad. Fue en este contexto que los promotores del movimiento romántico emplearon el concepto de Zeitgeist, cuya traducción aproximada sería Espíritu de los tiempos, acuñado por los filósofos alemanes Herder y Hegel y lo aplicaron para definir la sensibilidad común de su generación. Es dentro de esta lógica que cobra sentido referirse a grupos y generaciones en las artes y letras. 
            La crítica literaria hispanoamericana inauguró el concepto de generación en España para referirse a la generación del 98, surgida a inicios del siglo XX a raíz de la reflexión sobre los problemas nacionales tras la pérdida de los restos del Imperio colonial español frente a los Estados Unidos en 1898. Vale señalar que en el Perú se empleó por primera vez este concepto para referirse a la Generación del Bicentenario, el mismo que se refería más a un grupo de intelectuales que resultarían muy influyentes, como Jorge Basadre, José Carlos Mariategui, Raúl Porras Barrenechea o Luis Alberto Sanchez, todos los cuales se dieron a conocer en la década de 1920. El primer conjunto de escritores que actuaron como movimiento regido por un zeitgeist (al margen de las corrientes literarias imperantes en ese tiempo como el modernismo y posmodernismo) fueron los integrantes del grupo Cólonida, quienes en 1916 editaron una revista con el mismo nombre y editaron una antología de poesía: Las voces múltiples. Su líder fue Abrahan Valdelomar y algunos de sus compañeros de ruta fueron Percy Gibson Federico More y el propio José Carlos Mariategui. 
            Desde esa época se han sucedido las generaciones y en ellas han aflorado variados colectivos literarios y artísticos. Para clasificar a las primeras, la crítica las ha agrupado siguiendo un criterio de periodización décadas. Quizás las más conocidas en este sentido hayan sido las del 50, 60 y 70, que produjeron una decisiva renovación de nuestra escena cultural, no exclusivamente en el campo literario. Entre los grupos y movimientos literarios vale la pena mencionar a Gleba literaria en los 60s, con Jorge Ovidio Vega, Jorge Pimentel, Carlos Bravo y Humberto Pinedo, entre otros Hora zero en los 70s, con el mismo Jorge Pimentel, Enrique Verástegui, Carmen Ollé, Tulio Mora, y Neón en los 90s con Carlos Oliva, Leo Zelada o el presente Hector Ñaupari. Dichos grupos publicaron antologías y revistas y en no pocos casos sus integrantes transitaron de un grupo a otro al tiempo que se sucedían las generaciones literarias. A través de Manifiestos exhibían una propuesta estética colectiva definida e incluso posturas ideológicas. Ello propiciaba una identidad común de grupo y ciertos patrones estilísticos. 
            ¿Podría calificarse a los Suicidas como representantes de una generación o como un grupo literario? Sin duda se percibe en los trabajos de varios de nosotros una cierta sensibilidad común. Hay una poética de la transgresión que corre por muchos de los versos. Un cierto ánimo exhibicionista y lúdico, si bien frecuentemente desencantado. En este aspecto se percibe un ánimo generacional. Si, a grandes rasgos, los temas generación del 80 se vieron marcados por la violencia política, los de los 90s por el nihilismo y el desencantamiento post fin de las ideologías, las generaciones del 2000 en adelante se caracterizarían por la revolución en las tecnologías de la comunicación de los últimos 15 años. A grandes rasgos, buena parte de la socialización de nuestra generación se ha virtualizado, y nuestra exposición a los medios audiovisuales se ha hecho más intensa, variada y cosmopolita. Ello sin duda ha incidido tanto sobre nuestros referentes como en nuestra relación con el entorno. Nuestra cultura, que ha sido designada como del simulacro tiene mucho de manifestaciones efectistas, superficialidad en los contenidos y referentes eclécticos, frecuentemente contradictorios entre sí. 
            Considero que varios de los poemas antologados tienen mucho del, pese a las divergentes sensibilidades de sus integrantes, entre quienes me incluyo. Algunos tienen una visión más lúdica e irónica, otros son más bien pesimistas, también hay los provocadores y quienes simplemente refugian en las metáforas como vehículo de sus estados íntimos. Los Suicidas carecemos de un Manifiesto o de algún documento similar que brinde pautas sobre nuestros intereses y estilo. Nuestros puntos de vista, actividades y preocupaciones también son bastante diversos. Creo que el nombre Suicidas, que designa este poemario indica bien este espíritu común, que caracterizaría como una franqueza y ganas de expresarse de un modo efectista que el ejercicio de escribir que las redes sociales virtuales y una formación, muchas veces más audiovisual que literaria, ha ejercitado ampliamente. 
            Por otra parte, hay un aspecto sintomático en esta colectividad, la misma que supongo que se da en muchas otras hoy en día. Nos conocimos a partir de un blog allá por el 2007, nos frecuentamos en facebook y mucha de nuestra actividad de creación y difusión se ha venido produciendo en estos espacios o en publicaciones virtuales. En este sentido, la labor de Raúl Alain como creador del blog, coordinador de nuestros esfuerzos y promotor de esta publicación y otras iniciativas culturales ha sido decisiva para articular a los suicidas. De hecho varios de nosotros nunca nos hemos visto y quizás nos estemos encontrando por primera vez en esta sala. Algunos de los antologados viven en Lima y otros en las demás regiones. Resultaría totalmente factible que en futuras publicaciones también figuren suicidas extranjeros. 
            Creo que en esto reside la fortaleza y la debilidad de esta iniciativa cultural. Los medios virtuales posibilitan una proyección más amplia de nuestras obras y posibilitan la interacción ágil entre autores bastante diversos. Sin embargo, no hemos llegado a exhibir en nuestros 5 años de existencia, pese a esta publicación, la solidez de grupos más clásicos, quizás por el mismo hecho de carecer de un espacio físico común. La improvisación y la superficialidad también están presentes entre nosotros y estamos lejos de conformar una comunidad de creadores. Quizás se logre una síntesis más efectiva por medio de la realización de actividades comunes pero ésta es una tarea pendiente. 
            Considero por tanto que los Suicidas sí estamos firmemente establecidos como manifestantes de diversas tendencias en el ámbito generacional del siglo XXI. Del mismo modo, publicaciones como la de esta antología, relaciones de amistad entre varios de los miembros y un diálogo estilístico nos otorgan algunas de las características de un grupo literario, sin contar con las ganas de escribir y publicar como parte de un espacio conjunto. Se trata, en todo caso de un colectivo todavía en construcción, cuya actuación todavía no ha cesado y que esperamos que se consolide en un futuro cercano con más publicaciones, en ámbitos como la poesía y la narrativa, y más actividades similares a ésta.

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